BENDICION
DE LA PRIMERA ETAPA DE CONSTRUCCION Y REMODELACION
AUDITORIO
MONS.
ARZOBISPO DN. RICARDO GUIZAR DIAZ
31 DE
ENERO DE 2007
I RITOS INICIALES.
En el nombre + del
Padre, y del Hijo,
y del Espíritu
Santo.
Amén.
SALUDO
La paz, la caridad y la fe,
De parte de Dios Padre,
Y de Jesucristo, el Señor,
Este con vosotros.
Queridos
hermanos, dirijamos nuestra ferviente oración a Cristo, que quiso nacer de
María Virgen y habitó entre nosotros para que se digne entrar en esta Casa de
Pastoral dedicada a vivir y enseñar el camino de la Caridad y bendecirla con su
presencia.
Cristo, el
Señor, este aquí en medio de vosotros, fomente vuestra caridad fraterna para
que guiados por las enseñanzas de Cristo, procuremos que las instalaciones de
esta nueva obra sea lugar desde donde se difunda ampliamente el amor a los hermanos, la formación, la
asistencia a los más necesitados.
ORACION COLECTA.
Envía Señor sobre nosotros tu luz, para que
comprendamos con tu palabra que el mejor camino para llegar al reino de los
cielos es el camino de la caridad.
Por nuestro
Señor Jesucristo.
Dispongamos nuestro corazón a la
escucha de la Palabra de Dios.
PRIMERA LECTURA.
Vivían
en comunión fraterna y celebraban la fracción del pan.
Lectura
del libro de los hechos de los Apóstoles
2,42-47
Los discípulos acudían
asiduamente a escuchar las enseñanzas de los apóstoles, vivían en comunión
fraterna y se congregaban para orar en comunión y celebrar la fracción del pan.
Toda la gente estaba llena de asombro y de temor, al ver los milagros y
prodigios que los apóstoles hacían en Jerusalén.
Todos
los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común. Los que eran dueños de
vienes o propiedades los vendían, y el producto era distribuido entre todos,
según las necesidades de cada uno. Diariamente se reunían en el templo y en las
casas partían el pan y comían juntos, con alegría y sencillez de corazón.
Alababan a Dios y toda la gente los estimaba. El Señor aumentaba cada día el
número de los que habían de salvarse.
Palabra de Dios.
SALMO
RESPONSORIAL.
Del Salmo. 95
R. cantemos la grandeza del
Señor
Cantemos
al Señor un canto nuevo,
Que
le cante al Señor toda la tierra;
Cantemos
al Señor y bendigámoslo. R.
Proclamemos
su amor día tras día,
Su
grandeza anunciemos a los pueblos;
De
nación en nación, sus maravillas. R.
Alaben
al Señor, pueblos del orbe,
Reconozcan
su gloria y su poder
Y
tribútenle honores a su nombre. R.
Aleluya.
R.
Aleluya, aleluya.
Vengan, benditos de mi Padre a tomar posesión del
Reino.
R.
Aleluya.
EVANGELIO
╬ Lectura del santo
Evangelio según san Mateo.
25, 31-40
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Cuando venga el hijo del
hombre rodeado de su gloria, acompañado de sus ángeles, se sentará en su trono
de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones y él apartará
a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y
pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a la izquierda.
Entonces
dirá el rey a los de su derecha, <Vengan, benditos de mi Padre; tomen
posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque
estuve hambriento, y me dieron de comer; sediento, y me dieron de beber; era
forastero, y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me
visitaron; encarcelado, y fueron a verme>. Los justos le contestaran
entonces: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y
te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero, y te hospedamos; o desnudo, y
te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado, y fuimos a verte? <<Y
el Rey las dirá: Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más
insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron>>”
Palabra del Señor.
Homilía.
Oración
Universal.
Con ánimo agradecido y gozoso
invoquemos al Hijo de Dios, Señor de cielo y tierra, que hecho hombre habitó
entre nosotros, y digámosle:
R.
Quédate con nosotros, Señor.
Para que el Señor
sostenga en la unidad a toda su Iglesia, al Santo Padre Benedicto XVI y a nuestro
Arzobispo Ricardo y su Obispo Auxiliar Francisco. Oremos.
Para que nuestra
arquidiócesis de Tlalnepantla crezca y se desarrolle en un constante testimonio
de amor y caridad hacia los más necesitados. Oremos.
Para que este Centro
Diocesano de Pastoral Social, cumpla siempre su función de educar en el amor y
el bienestar de los pobres y en el desarrollo de las funciones y capacidades
humanas y cristianas. Oremos.
Para que este
Centro Diocesano de Pastoral Social, gracias al buen desempeño de sus administradores,
cumpla siempre con la función para la cual ha sido fundado, especialmente en
atención a los más necesitados. Oremos,
Para que sea un foco de atención y motivación para que
todos los que peregrinamos en esta Iglesia particular de Tlalnepantla, obispos,
sacerdotes, religiosos y religiosas y fieles laicos, movidos por el Espíritu
Santo colaboremos para el mejor desarrollo de su función pastoral. Oremos.
Oración
de bendición.
Asiste, Señor, a estos servidores tuyos, que al inaugurar hoy este auditorio,
imploran humildemente tu bendición, para que al realizar aquí su función de
educar y formar en la caridad, y movidos siempre por la acción del Espíritu
Santo, fomenten el amor entre los hermanos y no se cansen nunca de vivir tu Evangelio
bajo la protección maternal de nuestra Santísima Madre, Nuestra Señora de los Remedio, te lo pedimos en nombre de
nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los
siglos. Amen.
Padrenuestro.
Canto
Palabras
de agradecimiento de Mons. Francisco Merino.
Bendición
final.
Que
la paz este con ustedes.
R:
Y con tu espíritu.
Que
Dios, fuente y origen de toda bendición,
Les
conceda su gracia, los bendiga y los guarde
En
el amor.
R
Amen.
Que
los conserve íntegros en la fe,
inconmovibles
en la esperanza,
y
perseverantes hasta el fin,
Con
santa paciencia y en la caridad.
R
Amen.
Que
disponga en su paz vuestros días y ocupaciones,
Escuche
siempre vuestra oración
Y
los lleve felizmente a la vida eterna.
R.
Amen.
Y
la bendición de Dios todopoderoso,
Padre,
Hijo ╬ y Espíritu Santo
Descienda
sobre vosotros.
R
Amen.
| Dios es amor |
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Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él » (1 Jn 4, 16). Estas palabras de la Primera carta de Juan expresan con claridad meridiana el corazón de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino. Además, en este mismo versículo, Juan nos ofrece, por así decir, una formulación sintética de la existencia cristiana: « Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él ».
Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva. En su Evangelio, Juan había expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: « Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único |
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para que todos los que creen en él tengan vida eterna » (cf. 3, 16). La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva profundidad y amplitud. En efecto, el israelita creyente reza cada día con las palabras del Libro del Deuteronomio que, como bien sabe, compendian el núcleo de su existencia: « Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas » (6, 4-5).
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Esta es la 2da parte
En efecto, el israelita creyente reza cada día con las palabras del Libro del Deuteronomio que, como bien sabe, compendian el núcleo de su existencia: « Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas » (6, 4-5).
Jesús, haciendo de ambos un único precepto, ha unido este mandamiento del amor a Dios con el del amor al prójimo, contenido en el Libro del Levítico: « Amarás a tu prójimo como a ti mismo » (19, 18; cf. Mc 12, 29- 31). Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 10), ahora el amor ya no es sólo un « mandamiento », sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro.
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